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Delfines en la costa

Artículos / Fauna
Fecha: 19 Abr 2005 - 08:20 PM
Es entristecedor salir al mar y ver lo sucio que está ..... en los días de calma se observa a la deriva toda clase de porquería habida y por haber; en un mundo en que parece sobrarnos todo y donde todos los restos desde las montañas hasta el llano, van a parar al mar; un mar que no es nuestro, pues no nos pertenece, y al que tanto debemos, incluida nuestra propia existencia

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En ese mar azul cubierto de plásticos, trozos de redes a la deriva, anzuelos perdidos y maderos petroleados, no tan lejos como creemos, viven unos seres maravillosos, cuyo pasado como especie está muy ligado al nuestro, aunque prefirieron habitar en el Reino Líquido mientras que nuestros antepasados optaron por adaptarse a la tierra.



Eran las 16.30 de un frío pero apacible día de Enero, de esos que llamamos “muy almerienses”, uno de esos días en que la vida cobra en la costa indaliana un especial significado. Nuestra embarcación “Mare alboranis” proaba mar adentro, y a poco más de una millas y de no más de diez minutos de abandonar puerto, nuestro compañero Luis gritaba que “algo” saltaba a babor, siguiendo la estela de un arrastrero.

No nos hicimos de rogar mucho y en breve y sin darnos apenas cuenta estábamos rodeados por una bandada de unos 40 delfines; Luis, que es el Responsable Nacional de Fauna Marina de “Ecologistas en Acción” fue quien nos advirtió didacticamente que suelen ser avistadas manadas de aproximadamente tres veces más individuos de los que se puedan ver simultaneamente retozando en superficie (unos quince en este caso); su experiencia en el mar también nos enseñó a identificarlos como “delfines mulares _Tursiops truncatus_” y a distinguir a los grandes machos de alguna cría que también navegaba en la manada.

Aunque es difícil tomar fotografías de “algo que no ves”, pues cuando aprietas el disparador, el objeto ya ha desaparecido bajo el agua, y porque todo se mueve sin poder tú controlarlo absolutamente, comencé a disparar una y otra vez, intuyendo donde aparecerían nuevamente tras cada inmersión ...... pero era aún más difícil estar pendiente de la cámara en vez de mirarles a los ojos cuando pegados a la proa del barco me observaban fijamente, mirándome a la cara, a la par que navegaban a nuestra misma velocidad con esa majestuosa musculatura con la que la Naturaleza les ha dotado, y con esa inteligencia y sentimientos tan sutiles como poseen.

Aparecían y desaparecían, unas veces curiosos ante nosotros, que silbábamos desde cubierta con la intención de atraerles, y otras simplemente veíamos los círculos de burbujas que subían a la superficie como muestra inminente de sus estrategias de pesca, en que literalmente rodean a los cardúmenes de peces empujándolos hacia la superficie, donde les atrapan. Desaparecían y volvíamos a verles en la lejanía, desde donde volvían a remontar de nuevo en nuestra dirección; finalmente abandonaron nuestra compañía, pues creyeron más oportuna la de un arrastrero que venía de la mar con larga “cola de gaviotas” que auguraban un certero y gran festín.

Para aquellas personas que colaboramos directa o indirectamente en la conservación de los delfines, y que tantas horas nos han dedicado sus cuerpos mutilados muertos o heridos arrojados por el mar a las playas de Almería, es algo sencillamente “glorioso” el poder haber estado allí, junto a ellos, escucharles y casi tocarles .... con nuestros amigos, los delfines.

La mayor amenaza a la que los cetáceos se enfrentan en nuestro mar son tanto la alteración de su hábitat, debido a la contaminación que arrojamos en forma de residuos y vertidos tanto desde los barcos como desde la costa, y los accidentes que sufren cuando caen víctimas de las redes de nuestros pesqueros, donde unas veces mueren ahogados (no olvidemos que como mamíferos que son, respiran fuera del agua) y otras como víctimas inocentes de quienes les ven como competencia, y tras mutilar sus cuerpos los arrojan heridos de muerte al mar.

No puedo terminar de escribir estas lineas sin agradecer la paciencia y el ejemplo del patrón del Mare alboranis, con base en el Puerto Deportivo de Aguadulce, nuestro buen amigo y colaborador Javier Gallego, quien ultimamente pasa más horas avistando Fauna Marina que dedicándose a sus tradicionales artes de pesca. GRACIAS, JAVIER.





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